Con el entrecejo fruncido me miras. No entiendo porque, pero tampoco importa.
Este es el momento de ser irreflexivo, espontáneo. De hacer lo que me plazca sin temor a nada.
Ahora no temo herir a nadie con mis actos. Ya no tengo que ocultarme detrás de la máscara.
De esa máscara que apareció sin darme cuenta, que anulaba todo lo que soy o alguna vez fui.
Alguna vez te dije que vivíamos una mentira, y era cierto. Tu creías en esa mascara, y yo me esforzaba por mantenerla en su sitio.
Nunca me conociste, y yo nunca te acepte tal cual eras. Secretamente siempre quise que fueses diferente, el príncipe azul que siempre soñé.
Pero ya poco importa, en este momento nos toca ser nosotros mismos o colocarnos una nueva máscara para alguien más.
miércoles, 19 de mayo de 2010
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Mucho por decir, mas por vivir, dicotomìa inseparable, simbiòticas. Si una muere muere la otra, ...y en sus cenizas, cohabitan.
ResponderEliminarDices que a falta de vida social bueno es un blog, tambien es cierto que un blog son el jarro de vidrio en la mesa que colecta las cicatrices de la vida, de las vidas sociales y las reales, estas ultimas con sabor a alma frente a un espejo en la intimidad, las primeras a Chanel.
Lo bueno es efimero y eterno, lo contrario intenso y fugaz, con esa creencia volverè por aqui, por mas pòlen!